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Tres objetivos irrenunciables de las organizaciones

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¿Cuál es la finalidad de la empresa? ¿Ganar dinero?

 

Si la finalidad de la empresa y de cualquier profesional es ganar dinero, tanto usted como yo hemos equivocado la profesión seguro. Hay formas mejores y más sencillas de ganar dinero a espuertas, y no es a lo que nos dedicamos actualmente seguro. Y no estoy hablando de asuntos turbios o corruptelas, que por otro lado es una forma de ganar dinero rápido (téngase en cuenta, por ejemplo, las empresas automovilísticas con su software engañoso para pasar los controles de emisión de gases...)

 

¿Se ha visto alguna vez discutiendo sobre la tramposa pregunta cuál es la finalidad de la empresa?

 

Es importante clarificarla, pues da origen a mucha discusión. Una empresa está en equilibrio sobre un taburete de tres patas en donde no puede fallar ninguna de ellas.

Supongamos que está al frente de una fábrica de zapatos, usted tiene que lograr tres objetivos simultáneos. Primero, crear un cliente satisfecho al que le gusten sus zapatos. Segundo, el negocio debe ganar dinero y debe tener a sus accionistas satisfechos. Tercero, el empleado que fabrica y vende sus zapatos también tiene que estar satisfecho y orgulloso del buen trabajo que él realiza. 

 

Veámoslo más despacio.

  1. Crear clientes satisfechos. Este es el objetivo más propiamente empresarial. Requiere establecer los objetivos más propios del negocio, que son los objetivos comerciales y de innovación.

  2. Segundo gran objetivo: satisfacer la necesidad de ganar dinero. Pero esto es una necesidad, no tanto la finalidad. Igual que un hombre tiene la necesidad de comer, pero no vive para comer. No discuto si es más importante o menos, lo que sí es una equivocación es montar un negocio para ganar dinero exclusivamente. Si se hace así desembocamos en una cultura de miedo y en una organización problemática que son muchas de las que existen. El beneficio se debería definir como el gasto que asegura el futuro y es una condición restrictiva, no el objetivo fundamental. Por tanto los objetivos económicos y financieros, son necesarios e imprescindibles, pero no son objetivos puros empresariales como los primeros que hemos comentado.

  3. La responsabilidad social corporativa: es la necesidad de respetar no solo al cliente, sino tener en cuenta la dignidad de todas las demás personas involucradas en el negocio de la empresa. Por ejemplo, hay empresas en las que es escandaloso decir que hay que respetar al proveedor. Conocemos una empresa que para referirse al proveedor dicen: “leña al mono hasta que baile.” El directivo individualista, depredador e incompetente esto no lo comprende y dice que una empresa no es una ONG ni hermanitas de la caridad; por supuesto que no, pero es una organización fundamentalmente antropológica. El mundo que construimos es aberrante por este tipo de individuos ambiciosos. 

La finalidad de la formación de líderes emprendedores es lograr la estabilidad de ese taburete de tres patas. 

 

Hablando de taburetes. Existe otro taburete completamente distinto, pero igualmente importante. El taburete del líder, no el de la empresa, como hemos comentado antes. 

 

Este otro taburete es práctico y sencillo.

  1. Un líder establece un objetivo interesante y desafiante que exigirá esfuerzo, dificultad y alta calidad de ejecución.

  2. Un líder tiene en cuenta las necesidades personales de cada miembro del equipo. Entrena a cada uno, le desarrolla, le forma y se preocupa visiblemente por su éxito.

  3. Un líder cohesiona al grupo y crea equipo, despierta el orgullo de pertenencia y alimenta una visión común.

Estas tres cosas las hace de forma simultánea, no sucesiva. Es una buena receta de fácil aplicación a tener en cuenta. 

Objetivo-Persona-Equipo.

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