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Antes del día final en que desafía a los ejércitos de Israel, Goliat el gigante, ha cosechado tan rotundas victorias con su maciza lanza y su impenetrable armadura, que se considera invencible. Así pues, desafía al enemigo a que escoja un campeón para enfrentarse con él en combate individual, pensando que constituirá para él una empresa fácil. 

 

Cuando Goliat vio venir a David a su encuentro sin armadura que protegiera su cuerpo y nada perceptible en su mano excepto la honda, se incomodó, en lugar de alarmarse ante la aparente locura de su adversario, y le gritó: “¿Soy acaso un perro que vienes a mi encuentro con un palo?”. Goliat pensó que esta impertinencia era la inconsciencia de un joven, en lugar de una maniobra planeada y asumida cuidadosamente. 

 

David se había dado cuenta que con las mismas armas de su adversario no podría vencerle, por lo que rechazó la armadura, el escudo y la lanza que Saúl insistió que aceptara. Así este filisteo avanza con paso majestuoso, pomposamente, sin sospechar la realidad y ofreciendo su frente sin la protección de la visera, como un blanco para la piedra de la honda, que lo mata de un golpe antes de que su despreciable adversario entrara en el radio de acción de su lanza, mortífera hasta entonces.

 

Aunque aparentemente David era mucho más pequeño que Goliat, la interiorización del desafío, y sobre todo, el conocer sus propias fortalezas y debilidades, le hizo realmente más grande y más fuerte, por lo que su respuesta fue mucho más eficaz. 

 

Goliat no interiorizó nada, dio por supuesto su grandeza y fortaleza, que objetivamente poseía. Si te das cuenta, este autoengaño y falta de autocrítica le hizo ser más débil, pagándolo con la muerte.

 

“El hombre es grande porque se sabe miserable. Un árbol no sabe que es miserable. Pero es ser grande saberse miserable.” Pascal.

 

No hay enemigo pequeño.

 

La exhortación “Conócete a ti mismo”, estaba esculpida en el dintel del templo de Delfos y fue tratada por los clásicos griegos, además de Buda, Confucio y Lao-Tzé. Suelen hacer falta demasiados años para conocerse uno a sí mismo. Quien lo logra, sabe comunicarse, escuchar, se trata bien a sí mismo, trata bien a los demás, crea equipo, gestiona la situación en beneficio de todos, y en general, suele cometer menos errores que aquel que no se conoce.

 

Si un líder es aquel que desarrolla a los demás, lo primero que tendrá que hacer es tenerse en gran estima a sí mismo (autoestima) para querer desarrollarse, conocerse, ser autocrítico, tanto para lo bueno, como para lo malo y fijarse objetivos de mejora personales: de mentalidad, autoestima, relajación, mentalidad, comunicación, inteligencia emocional, escucha, etc.

 

Cómo se vea a uno a sí mismo es la clave de todo lo que hace, y de cómo lo hace, por eso está muy bien que te preguntes cómo te ves a ti mismo. Cómo entiendes y analizas lo que te rodea, las situaciones, a las personas, el trabajo… es la imagen de cómo eres tú mismo. Y viceversa, cuando entiendas cómo te ves a ti mismo, te darás cuenta de cómo ves a los demás.

 

El hombre no es una máquina, para empezar no vemos las cosas tal como son, las vemos tal como somos y tal como nos han ensañado a verlas. Cuando hablas de tus colaboradores, y de cómo les ves, te estás definiendo a ti mismo. La belleza está en los ojos del que mira. 

 

No es posible ser un buen directivo, y estancarse en el desarrollo personal, así como no es posible tener una visión distorsionada de uno mismo, para bien o para mal, y desarrollar el exterior. 

 

Sólo a través de una correcta maduración interna de los propósitos últimos de tu vida, podrás conseguir cambiar el entorno que te rodea.

 

Un directivo es totalmente responsable de su actitud ante los demás, de su forma de ver las cosas, y de estar continuamente mejorando su mentalidad. Se podría decir que es una obligación moral para todo profesional que tenga personas a su cargo.

 

El cambio comienza desde dentro, y se expande poco a poco hacia fuera.

 

Esto implica mucha madurez personal. La madurez se puede definir de muchas formas, una de ellas es la capacidad de una persona para ser objetivo y darse cuenta del alcance de las propias decisiones.

 

Un líder que ha resuelto sus principales conflictos internos, es capaz de darle importancia a las cosas que la tienen, y no dársela a las que no la tienen. Existen profesionales con grandes conocimientos, mucha experiencia y que trabajan mucho, incluso muy honestos, pero pocos maduros.

 

Por lo tanto, tu mentalidad como directivo, en todos los aspectos, es la base sobre la que construyes tu entorno, tu trabajo, y tu vida en general.

 

Ahora, si me lo permites, me gustaría aconsejarte tres ejercicios prácticos para un mejor autoconocimiento:

  1. Escribe en un folio del 1 al 10 tus valores personales, en orden de importancia. Te darás cuenta de que probablemente no los tienes tan claros.

Una vez que los hayas escrito, hazte esta pregunta: ¿Me suelo comportar acorde con estos valores que acabo de definir como mis valores personales más importantes?

 

Ejemplo de valores:

  • “La unión familiar…..”

  • “El compromiso por un trabajo bien hecho…..”

  • “La sinceridad y transparencia en todo lo que haga….”

 

 

2. Escoge un problema de tu vida laboral o personal sobre el que siempre has creído que no puedes hacer nada al respecto. 

 

Analiza tu actitud ante él. Si no puedes cambiar esa situación ¿Qué es lo que tú sí puedes cambiar? ¿Qué puedo hacer que esté en mis manos? 

 

Esfuérzate por decir algo en lo que puedas cambiar al respecto: tu forma de enfocarlo, tu forma de enfrentarlo, tu forma de aceptarlo….y escríbelo.

 

Una vez que hayas visto qué está en tus manos hacer…propónte hacerlo. Este es el comienzo del cambio.

 

Repite este ejercicio con otros hechos o problemas similares.

 

3. Piensa en tres situaciones que te hagan reaccionar mal, o de una forma que no te gusta reaccionar. Puede ser porque te enfada, te pone triste, te sobrepasa por lo que huyes y escapas, te bloquea, te hace sentir inferior…y sigue con cada una de ellas los siguientes pasos:

 

Análisis de la situación actual:

  • Descripción de la situación.

  • Cómo la interpreto, cual es mi actitud ante ella: cómo me hace sentir, pensar

  • Cómo reacciono ante ella.

Proyección del cambio:

  • Cómo me gustaría reaccionar

  • Para ello: cómo tendría que interpretarla.

  •  ¿Qué voy a hacer la próxima vez que me ocurra?

Los otros cinco ejercicios de autoconocimiento los encontrarás desarrollados en este libro, que se encuentra con facilidad en Amazon, en formato ebook o en formato impreso.

 

 

 

 

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